Entre fe, violines y bizcochuelos: La Paradura del Niño, el alma de los Andes venezolanos

Mientras el resto del país guarda los adornos de Navidad y se prepara para el frenesí del año nuevo, en las cumbres de Mérida, Táchira y Trujillo el tiempo parece detenerse. El aroma a chocolate caliente y el sonido de los violines anuncian que la Navidad no se ha ido; apenas está por alcanzar su punto máximo de fervor: la Paradura del Niño Jesús.
Mundo07 de febrero de 2026Radio KerigmaRadio Kerigma

Foto: https://albaciudad.org/

Esta tradición, que se celebra desde el 1 de enero hasta el 2 de febrero (Día de la Candelaria), es mucho más que un rito religioso; es el tejido que une a las comunidades andinas en una muestra de fe, hospitalidad y picardía criolla.

¿Qué es exactamente "parar" al Niño?

La esencia es sencilla pero profunda: se trata de levantar la figura del Niño Jesús del pesebre y ponerla de pie. Es un rito de pasaje que simboliza que el Niño ya puede caminar solo, representando su crecimiento y su presentación ante el templo.

Sin embargo, en los Andes, nada es "sencillo". La ceremonia se convierte en una fiesta comunitaria donde los vecinos dejan de ser conocidos para convertirse en compadres.

El sabor del páramo

Ninguna Paradura está completa sin el festín que sigue al rosario cantado. Es aquí donde la gastronomía andina brilla en todo su esplendor:

  • El Bizcochuelo: Un bizcocho esponjoso, ideal para remojar en la bebida.

  • Vino de Mora o Miche: El infaltable "calentaito" para combatir el frío de la montaña.

  • Chocolate con Queso: La combinación perfecta para cerrar la noche bajo la neblina.

Un legado que resiste

En tiempos donde la inmediatez digital domina, la Paradura del Niño se mantiene como un bastión de identidad. Es el recordatorio de que, en los pueblos del Táchira, en las calles empinadas de Trujillo o en los páramos merideños, la comunidad sigue siendo el refugio más seguro.

Es una tradición que no solo "para" al Niño, sino que detiene el ritmo acelerado del mundo para recordarnos la importancia de la familia, el respeto por las raíces y, por supuesto, el placer de compartir un buen bizcochuelo con los amigos.

Anunciando la Buena Nueva Hoy